Mientras
el tabaco despeja mis neuronas, me imagino en un mundo apenas un poco
mejor que éste.
Me
imagino haciendo casi lo mismo que ahora, pero con un invitado al
lado mío, compartiendo un trago con el conductor designado de la
pólvora, el filántropo que, por voto popular, resultó elegido para
asesinar al Gobernador.
Le
preparo un vaso de fernet con agua tónica y le ofrezco un
cigarrillo, pero lo rechaza porque no le gustan los Particulares. Él
prefiere los Philip Morris.
–
Pensé que eras de gustos más duros –le dije mientras le convidaba
fuego.
–
Sobre gustos sólo hay mierda escrita.
–
Cuando convocaron para las elecciones, pensé que era una broma de
mal gusto para jugar con las esperanzas de la gente, pero acá estás,
armado y listo... ¿cómo pensás hacerlo?
–
Todavía no estoy decidido. Tengo una pistola calibre 9mm., pero no
estoy convencido.
–
¿Me permitís un consejo?
–
Sí, dale. ¿Tenés hielo?
Asentí
con la cabeza, dejé el pucho en el cenicero, me fui a la heladera y
mientras sacaba los hielos, le dije:
–
Arco y flecha.
–
¿Ah? ¿Me estás gastando?
–
No, posta. Pasa que una pistola o un rifle de larga distancia está
muy trillado en estos tiempos. No sé, capaz que puede ser un hacha o
una espada.
–
Sigo sin entender la razón. Ya bastante trascendente es asesinar al
gobernador, ¿qué tiene de especial el arma?
–
Es una cuestión literaria, nomás; ¿o me vas a decir que la Ilíada
hubiese sido más divertida con Aquiles llevando una AK47?
–
Y... no es una mala idea hacer un aggiornamento de la Guerra de
Troya, pero entiendo el punto.
–
Ahora... hay algo que no me cierra de todo esto...
–
¿Qué cosa?
–
La Democracia... ¿qué pito toca en todo esto?
–
Éste.
Lo
miré con cara de “no, en serio” y esbozó una mueca que era lo
más cerca a una sonrisa que he visto en su rostro durante todo este
tiempo.
–
Mirá... la democracia es un verso...
–
Sí, ya sé que no existe, pero te lo pregunto porque vos estuviste
ahí en medio.
–
Si vamos a votar por cada decisión pública que se toma, estaríamos
votando hasta qué papel higiénico vas a usar para limpiarte el
culo. Pero ésta votación era simbólicamente necesaria. Al
gobernador, alguien lo iba a matar. Quién, no importa y mucho menos
cómo. Pero sí era importante hacerlo cuanto antes. Y la votación
sirvió para demostrar que el pueblo, ése mismo que lo había
votado, decidió que era necesario matarlo.
–
O sea, lo importante es que él sepa que lo desprecian.
–
Claro. Muy rico el fernet, gracias.
–
¿Querés otro?
–
No, che, quiero mantenerme sobrio para hacer esto.
El
asesino se levantó de la silla y empezó a caminar hacia la puerta.
–
¿Lo vas a hacer ahora? ¿No preferís esperar hasta mañana o
pasado? –le dije para seguir charlando. No porque fuese una persona
interesante, sino porque era un evento histórico que quería
conservar por más tiempo.
–
No. Quiero sacarme esto de encima cuanto antes.
–
¿Cómo lo vas a matar?
–
Eso es una sorpresa.
–
Andate a la concha de tu madre.
Y se
fue tranquilo, el muy sorete. Y yo me quedé despierto hasta las ocho
de la mañana para leer la noticia apenas se publique.
Guillermo Javier Donicelli
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