Un psicólogo me dijo, tiempo atrás, con su cara de espejo, que cada vez que sacudía el vaso de whiskey y decía "son todas iguales", sólo estaba repitiendo y pidiendo nuevamente el maltrato de mi madre.

Cada vez que me distraigo un rato haciendo algo y vuelvo y la veo ahí, durmiendo, me cuesta creer que está ahí. Alucino con su sonrisa mientras duerme y más cuando sonríe porque la interrumpo para abrazarla y besarla.

Mi madre me hubiese gritado, me hubiese tirado con algo.


Ya no tengo whiskey.

Está muy caro.

No sólo el precio lo hace muy innecesario.

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