Cuando
nació su sobrina, pensó que la naturaleza fue particularmente sabia
al acabar antes con la vida de su abuela.
De
hecho, fue sabia por muchas otras cosas en ese punto, porque la vieja
ostentaba tanto racismo que se hubiese muerto de una manera muy
violenta al verla morocha, tan latinoamericanamente bella que hubiese
tenido un infarto duro como los modales del militar que hubiese
querido tener como nieto.
La
tía abuela dijo que no podía ir a conocerla por cuestiones de
trabajo, pero todos saben que no tiene tanto trabajo y que tiene
dinero suficiente como para viajar en helicóptero, si es necesario.
Él
le dedicó una canción en lengua aymara.
La
bebé se enterará de nada de esto mucho después de que le digan, en
la escuela, quiénes son los Reyes Magos.
Guillermo Javier Donicelli
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