En Nogoyá, Entre Ríos, un grupo de jóvenes irrumpieron en una asamblea de periodistas.
Estos jóvenes escribían para una revista anarquista de gran difusión en la provincia, sobre todo en la ciudad de Paraná, donde la mayoría reside en una casa ocupada, cuyo propietario decidió arrojar la toalla porque trabajaba para un partido de izquierda y no le convenía que el desalojo se diese a conocer.
Los jóvenes ingresaron a la fuerza a la asamblea, según dijeron en algunos medios de gran tirada, sin embargo hay que aclarar que “a la fuerza” significaba (teniendo en cuenta que el episodio sucedió en una ciudad de unos veintitrés mil habitantes) pasar por la puerta sin avisar.
Al llegar, desplegaron una bandera con el logotipo de su revista y empezaron a cantar: “Nisman no se murió, Nisman no se murió, que se muera Yabrán, la puta madre que lo parió”.
La indignación de los periodistas presentes sólo puede compararse con la de un gato al que le cambian de lugar la caja de arena.
Pese a lo ruidoso de la intervención, al día siguiente, todos los vecinos de Nogoyá siguieron su vida como si nada hubiese pasado.
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